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Cuando la primavera pica

Frotarse los ojos repetidamente y de forma intensa puede acabar produciendo queratocono, una deformación corneal

Llega la primavera, sale el sol, las flores y los días de calor, lejos de ser sofocantes, se reciben como agua de mayo. Pero esta época que a tanta gente gusta, es una de las más complicadas para miles de personas. Los alérgicos al polen esperan con cautela los primeros síntomas de la llegada de la primavera, que se alargan hasta finales de verano. Las molestias oculares, conocidas como conjuntivitis alérgica, son unas de las más características. 
Esta alergia temporal, relacionada con la época de polinización del alérgeno al que estamos sensibilizados, es la más habitual. En la mayoría de casos se acompaña de rinitis alérgica.
 



El picor es el signo más característico, a menudo suele ir acompañado de enrojecimiento, lagrimeo, molestias y, en casos de alergia severa, visión borrosa. Pero, aunque las ganas de frotarse los ojos sean casi inevitables, se debe intentar evitarlo porque si se hace repetidamente y de forma intensa puede provocar algunas complicaciones. ?Aunque parezca algo lógico, nos encontramos con muchos casos de conjuntivitis infecciosa por frotarse el ojo con las manos sucias.

 




Es una zona muy sensible y propensa a infectarse?, señala Víctor Charoenrook, oftalmólogo del departamento de superficie ocular del Centro Oftalmológico Barraquer. Además, también se pueden producir lesiones corneales, pequeñas heridas sin gravedad pero molestas. Aunque la consecuencia más alarmante es el queratocono. Es una enfermedad por deformación corneal. ?Esta distorsión se produce de forma progresiva. Explicándolo de forma sencilla, la córnea, que es como una pequeña montaña, acaba convirtiéndose en un volcán que produce un aumento de astigmatismo y miopía, y una irregularidad en la refracción?, ilustra Charoenrook. En casos leves se puede corregir con gafas o lentillas, pero en los severos se debe seguir un tratamiento específico para mejorar la deformación de la córnea, llegando incluso a requerir, en los casos más avanzados, un trasplante corneal.

 




Hacerse las pruebas de alergia es el principal paso. Determinar a qué se es alérgico es clave para prevenir una reacción. ?No hay un polen que afecte más que otros a la zona ocular.  La sensibilización es una reacción inmunológica ante un determinado alérgeno que en cada paciente se manifiesta de forma distinta?, aclara este oftalmólogo. Una vez hecho el diagnóstico se debe evitar el contacto con los pólenes a los que estamos sensibilizados. Pero la superficie ocular está continuamente expuesta a posibles alérgenos. Lavarse los ojos con suero fisiológico es una buena medida de prevención y ayuda a calmar los síntomas. ?También es útil utilizar gafas de sol a partir de los tres años de edad para evitar el contacto con el alérgeno. En caso de reacción alérgica, recomendamos lavarse los ojos con abundante agua fría y limpia y acudir a un oftalmólogo?, aconseja Charoenrook. El tratamiento será diferente según el grado de la alergia. Cuando es leve, basta con el uso de colirio antihistamínico, que se añade por vía oral en los casos en que la afectación ocular vaya acompañada de alergia en otros sistemas, como la rinitis. En fases agudas se administra colirio cortisona, aunque su uso debe estar muy controlado por un profesional por los efectos secundarios que puede  provocar.